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Sin título2

 

Aquí nos encontramos, una vez más, dispuestos a desgranar letra por letra, palabra por palabra, los entresijos del vocabulario marinero. Hoy comenzamos con la H, subiremos a bordo sin saber lo que nos depara y confiaremos en los siguientes 5 caracteres llegando a la L y atracando en puerto hasta próximo aviso.

 

Las nubes se acumulan temerosas en el horizonte pero nuestro buque, sus potentes hélices y la tripulación no se amedrentan fácilmente. Hoy no hay velas donde sople el viento, levamos anclas y zarpamos a toda máquina. La luz del sol no se atreve aún a visitarnos y el capitán echa mano de la lantia, un pequeño farol regalo de su padre, que le acompaña en cada travesía para alumbrar su bitácora, y no perder así detalle de la aventura que se avecina.

 

Entre las densas nubes negras repentinamente se asoma un rayo de sol que refleja a través de la lumbrera y rebota sobre mis ojos, cegándome al instante. En ese momento y sin previo aviso me invade la melancolía. La seguridad de un buque rudo y dotado de hélices no deja lugar a aquellas travesías donde la fortuna era una pasajera más. Me acerco a los confines del barco y mirando a ese atisbo de luz viajo recordando viejos tiempos, cuando mis brazos izaban las velas, cuando sentía el viento al largo en mi cara mientras tatareaba aquella canción marinera, cuando revisaba minuciosamente las jarcias antes de zarpar o agachaba la cabeza reticente al ver el ancla hacer cabeza, negándome a desaparecer como si nada.

 

Pero no puedo vivir en tiempo pasados, el mar sigue siendo el mar, y surcarlo mi sueño tanto de noche como de día. Suelto el lastre de la memoria, y como si estuviera haciendo un imbornal para permitir el paso del agua, vuelvo al control de mando dispuesto a navegar como si fuera el primer día. Sin saber qué es lo que me depara, cierro este capítulo esperando que los futuros me traigan nuevas aventuras entre ella y yo, la mar y el marinero.