transmediterranea - acciona
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Despidiéndonos del mes más corto del año llegamos a la F de nuestro glosario marítimo. Hoy toca viajar en la embarcación que comenzó a construir su historia allá por el siglo XVII: la fragata.

 

Rozamos el final del siglo XIX y nuestra misión a bordo de este navío es proteger el tráfico mercante ultramarino de los ataques piratas, guiándonos por la luz de los faros y gracias a la gran velocidad que alcanzamos con los tres mástiles a toda vela.

 

Como si de las filásticas que componen un cabo se tratara, los tripulantes se cruzan a toda velocidad por cubierta. Su aparente inquietud y desorden no es más que eso, aparente. Mientras uno fila o afloja un cabo, otro prepara la vela y el capitán, maneja el timón descifrando el horizonte con su catalejo. El viento es franco y nos permite navegar a rumbo directo sin necesidad de dar viradas. La distancia desde la línea de flotación hasta la cubierta, el francobordo, es perfecta, de ello depende en gran parte nuestra seguridad en la travesía.

 

Pero la paz se acaba cuando vislumbramos un buque sin bandera y alertamos a la flota, que cambia el rumbo protegiendo la mercancía. Algunos compañeros nos acercamos al fraile, una bita de madera que se coloca en la proa para amarrar, y vemos que el navío se acerca temeroso. Pese a la incertidumbre, en nuestra profesión no existe el miedo, y nadie piensa en esconderse en el fondo, la parte inferior del barco. Nos estamos acercando, jugamos una vez más a la ruleta sin saber qué nos tocará.

 

En cuestión de minutos enfilamos el navío desconocido y poco tardamos en darnos cuenta de la realidad. No son corsarios. El temporal que azotó nuestra costa anoche se cebó con el buque amigo, que navega con aparejo de fortuna, improvisando ante la tormenta que les dejó con un mástil menos y sin bandera. Nuestro objetivo es ahora salvar a estos marinos casi a la deriva. Con ayuda de cabos y la destreza de los navegantes conseguimos llegar a la costa, donde fondeamos y celebramos la fortuna de habernos cruzado en mitad de la nada.

 

Continuará con la G de galeón.

 

Foto | arqpulti