transmediterranea - acciona
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vela (Ljubo Gamulin)

Nueva entrega de nuestro Trasmecedario, esta vez sumergiéndonos en los vocablos marineros que comienzan con la “D”. Como dice Vetusta Morla en su exitoso tercer LP, “cada cual que tome sus medidas, hay esperanza en la deriva”.

 

Hoy navegamos en una de las embarcaciones más bonitas, incluso románticas, de ver: un velero. Izamos las velas con las drizas, confiando nuestra travesía al dracon, el tejido sintético con el cual se confeccionan la mayoría de estas velas. El barco es de madera noble, y elaborado a mano hasta el último detalle: las defensas, los elementos que se colocan para preservar el casco de los choques o roces con otros barcos y el muelle; el durmiente, madero colocado horizontalmente sobre el cual se apoyan los baos.

 

El viento suave y constante en compañía de un sol radiante nos ameniza el viaje, que dedicamos a leer el derrotero, una publicación náutica que contiene instrucciones y datos como información sobre los puertos.

 

Arriamos las velas cuando perdemos de vista la costa, preparamos el cebo y tiramos las cañas. Mientras esperamos a que pique la cena, nos sumergimos en historias de piratas y tormentas en alta mar. Historias que tienen en común la deriva, el ángulo formado entre la derrota, la trayectoria real que sigue la embarcación, y el rumbo que llevaría la misma sin el efecto de la corriente. Esta situación descontrolada, donde la mar te lleva a su merced, crea los relatos más inesperado e intensos, acabando en islas solitarias, hundimientos y salvamentos heroicos.

 

Pero hoy dejamos las aventuras a la imaginación, y sin cena aunque después de un día espléndido, vamos de camino al puerto mientras nos cruzamos con una draga, una embarcación destinada a excavar, limpiar y/o profundizar fondos y canales.

 

Desatracamos esta embarcación y ponemos rumbo a la siguiente letra, esperando no derivar ni desarbolar, es decir, perder el mástil accidentalmente. Nos encontraremos, más tarde que pronto, en el siguiente puerto desgranando la letra “E” y las sorpresas que esconde.

 

Foto | Ljubo Gamulin