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Carta náutica (Coast Guard News)

La carta náutica nos indica el rumbo a seguir en nuestra travesía, medimos distancias con el compás, calculamos la hora de llegada y seguimos navegando hacia una nueva aventura que empieza con C. ¡Ah! Y tampoco olvidamos otro compás, el compás magnético, lo que todos conocemos como brújula.

 

Durante la primera hora parece que todo va viento en popa, paso los minutos perdiendo mi imprecisa mirada en los detalles del cuaderno de bitácora, libro en el que registramos todos los datos de la travesía. Navegamos por estima, es decir, la navegación y situación del barco por cálculos numérico-analíticos, teniendo en cuenta la situación inicial (SI), el rumbo y la velocidad, Así podemos calcular una hora probable de llegada, que finalmente puede que se cumpla o puede que no. Con todo bajo control, decido salir a cubierta.

 

En contra de todo pronóstico y desafiando a los más atinados artilugios meteorológicos, noto acercarse la cerrazón, oscuridad grande que suele preceder a las tempestades, cubriéndose el cielo de nubes muy negras. Viendo la oscuridad en el horizonte, presagiamos la peor de las tormentas,  aunque finalmente se convirtió en chubasco, que no por ello menos inquietante, llenando de agua y viento nuestra travesía.

 

Medimos con la corredera para averiguar nuestra velocidad, y mientras intento pasar una culebrilla -un cabo delgado- para aferrar la vela fuerte al mástil, noto el barco cabeceando: elevando y descendiendo alternativamente por las olas que nos atacan por la proa.

 

El capitán empuña la caña, palanca metálica o de madera que sirve para hacer girar el timón, todos entramos rápido a la cabina para resguardarnos. Tras la decisión de arriar las velas porque el viento es demasiado intenso, corremos el temporal a palo seco, es decir, presentando la aleta al mar sin ninguna vela debido al mal tiempo.

 

Finalmente, sacamos el chinchorro, el pequeño bote auxiliar, y dejamos la embarcación, resguardándonos en una pequeña cala. Nuestra embarcación queda sola, siendo arrastrada mar adentro. Cerramos fuerte los ojos y  esperamos con todas nuestras fuerzas salir de esta aventura inesperada que algún día, esperemos, contar  sin la angustia que sentimos ahora.

 

Me despierto en mi camarote con el sonido de las gaviotas y un rayo de luz sobre el edredón, no era más que un sueño y me alivio al ver el mar en calma al que me toca zarpar.

 

Foto | Coast Guard News