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Cadaqués(Craig Cormack)

El mar es una forma de vida y de ser que marca a los lugares y las personas. Nuestro país, gracias a su geografía, ha hecho que ha hecho que el tránsito e intercambio de culturas, mercancías e historias sea incesante a lo largo de los siglos. Hoy nos sumergimos en algunos de los pueblos pesqueros que deben su vida al mar, y que por su riqueza son dignos de visitar.

 

Los pueblos costeros no solo aman el mar porque han crecido con su vaivén, también han sufrido sus estragos, pero sobre todo, han vivido de él. Comenzamos descubriendo un pueblo de las Islas Baleares. Estas islas albergan pueblos pesqueros tradicionales llenos de historia. Es el caso de Sóller, ocupada por los romanos allá por 123 A.C., cuando los mallorquines se ganaban la vida con la agricultura, la ganadería, pero sobre todo, con la piratería. Estas fechorías ponían en peligro un enclave geográficamente aislado como Sóller, que intentaba ser tomada una y otra vez. Mil y una batallas e historias de contrabando ha vivido esta ciudad costera, hoy en día siguen representando la invasión de los musulmanes en Mallorca, con su posterior batalla y victoria en la plaza de Sóller.

 

Historias que se repiten en los puertos, ventanas de entrada y salida al mundo, como en la villa y puerto de Garachico, en las Islas Canarias. Este pueblo fundado a finales del siglo XV, tuvo su época dorada en el siglo XVI, siendo puerto destacado en el comercio entre Canarias y América como puerta principal de Tenerife. Sin duda un pueblo con carácter que pudo sobreponerse a la furia del mar y aluviones, además de a la peste e incluso una plaga bíblica de langostas. No fue así tras la violenta erupcuón volcánica de 1706 que acabó con su preponderancia portuaria. Pero gracias a su historia, Garachico es hoy uno de los núcleos históricos más importantes de Canarias, consevado minuciosamente y declarado Bien de Interés Cultural.

 

Volvemos al Mediterráneo y navegamos a la perla de la Costa Brava, Cadaqués, un pueblo con historia longeva y sin duda pesquera. La población fue invadida por civilizaciones avanzadas como los sardos, etruscos, egipcios, griegos y romanos, de quienes aprendieron las técnicas más modernas de pesca y navegación. Pero también fue lugar de lucha y conflicto, sufriendo los ataques de piratas tan famosos como Barbarroja. El auge del turismo desde los sesenta no ha dejado que desaparezca el encanto y la tradición de un lugar que ha visto y vivido historias que ahora nos cuentan su muralla, puerto y fachadas.

 

Siguiendo la ruta encontraremos historias de batallas y asaltos, de familias tan unidas como separadas por leguas, de marejadas que anegaron pueblos y reflotaron su solidaridad, de amores encontrados entre velas y redes; y todo ello mientras degustamos un pescado que el cocinero trae de la lonja según ha llegado al puerto y prepara con la sabiduría que solo los años enseñan.

 

Pueblos, historias, familias, tradiciones… diferentes y semejantes, unidos como los siete mares.

 

Foto | Craig Cormack