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Baliza (Abraham Blanco Noya)

Continuamos nuestra travesía por el glosario marítimo y sus vocablos, descubriendo el léxico que nos abre un mundo de nuevos significados. Giramos a babor, el lado izquierdo del barco visto de popa a proa.

 

Parece que el mar está en calma, y el barómetro de nuestro balandro, una embarcación de un solo mástil, marca una presión atmosférica alta, así que nos espera un cielo despejado y el viento justo para poder oler la esencia del mar. Pero todavía es pronto, y la bruma, la niebla que se forma sobre el mar, nos impide ver más allá de la bahía. El amanecer en el mar es un espectáculo de colores que no pierde en su rutina la magia del primer día. Llamamos a los otros dos marineros a cubierta. Todos estamos en la bañera, la cámara abierta de las embarcaciones menores donde suele ir instalada la caña o rueda del timón. Así, partimos todos con la esperanza de llegar al alba a nuestro destino.

 

Ya es mediodía y por la carta de navegación sabemos que estamos cerca de conseguir nuestro objetivo. Sentados en las bandas del barco, acariciando con los pies el agua, haciendo que nos deslicemos como delfines por el mar. También podemos viajar sentados en una pequeña bancada, disfrutando de la travesía, y si el tiempo nos lo permite, sin sufrir ningún bandazo. Aprovechamos para contarnos viejas batallas, historias marineras que no nos cansamos de contar ni escuchar, porque el tiempo pasa pero los recuerdos siguen vivos para aquellos que nunca dejaron de pensar en ellos.

 

Entre risas y algún sobresalto recordando tiempos pasados, el sol se despide y nos deja a oscuras. Enseguida sentimos el borneo, giro que hace el barco por un cambio en la dirección del viento cuando éste se encuentra amarrado o anclado. Hay que continuar nuestro trayecto. Se hace tarde y en la penumbra de la noche, percibimos un atisbo de luz que no, no es un faro. Es una baliza, una señal luminosa automática, generalmente aunque no siempre con forma de torre, que nos marca las zonas seguras de navegación e indica el camino a seguir por el canal.

 

Hemos llegado, entramos por la ría y llegamos por fin a puerto. En frente, nos espera un pequeño pueblo pesquero lleno de farolillos y mil historias que os contaremos en otro momento. Nos vemos en el capítulo C.

 

Foto | Abraham Blanco Noya