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Timón (Carlos 90)

El sector marítimo es un oficio con su propio lenguaje, sus códigos y señales. ¿Qué tal si entramos en materia y aprendemos aún más sobre él? Seguramente ya sabréis que la eslora es la longitud de la embarcación desde la proa (parte delantera de la estructura del barco) hasta la popa (parte trasera del barco), incluso algunos reconoceréis que la manga hace referencia al ancho máximo del barco, y el calado es su parte más sumergida. Esa era la parte fácil, ahora sí, conozcamos este mundo de la A a la Z.

 

Y como toda buena historia, empezaremos por el principio, por la A de abordar. Nos preparamos para zarpar, armamos el barco dejando los aparejos a punto, pero esperamos a que amaine la marejada antes de dar comienzo a nuestra aventura. Parece que habrá tormenta, pero tenemos que partir. No hay miedo, confiamos en las amarras, los cabos gruesos o estachas que sirven para “sujetar” el barco al puerto, y en el cordón que forma su interior, su alma. Puede que sea necesario amadrinar, unir o parear dos cosas para que éstas ofrezcan  más resistencia o trabajen simultáneamente, aunque lo mejor será encontrar abrigo, un lugar defendido de los embates del mar, vientos y corrientes.

 

Afrontamos la travesía esperando no ser abordados, embestidos, aunque sí quizá tengamos que abarloar, colocarnos junto a otra embarcación por el costado, en caso de tener que ser evacuados. Hemos amarrado, que no amollado, bien firmes los cabos, y el viaje está siendo un éxito. Pronto llegamos a nuestro destino, una isla rodeada de mar picado. Arriamos las velas para parar la arrancada, la inercia que trae el barco, la estropada. El mar y su bravura nos obligan a echar mano de nuestro arpeo, un ancla auxiliar pequeño que utilizamos entre otras cuestiones  para reforzar la principal, y después de todo hemos conseguido atracar.

 

El viaje ha sido un éxito gracias a la fuerza y sabiduría de los marineros que han sabido azocar bien los cabos para que sea imposible soltarlos, ya que éste era un barco ardiente llegando a ponerse proa al viento. Esperamos, ahora sí, a que el tiempo amaine, y volveremos a partir en breve, esta vez en un barco llamado B.

 

Foto |Carlos 90